La minería del desierto apuesta al agua de mar para operar sin secar cuencas
La desalación y el bombeo desde la costa se vuelven condición para nuevos proyectos en zonas áridas.

Claves en 30 segundos
- Los nuevos proyectos priorizan agua de mar desalada.
- La presión social por el agua dulce redefine los permisos.
- El costo energético de desalar pesa en la ecuación.
La disponibilidad de agua se transformó en el factor decisivo para la minería en zonas áridas. La competencia por el recurso con comunidades y agricultura, sumada a la sequía, hizo inviable seguir dependiendo de fuentes continentales para nuevos proyectos.
La respuesta de la industria es la desalación: plantas en la costa que producen agua de mar tratada y sistemas de bombeo que la elevan cientos de metros hasta las faenas de altura. Cada vez más, contar con agua desalada es requisito para obtener permisos.
La solución no es gratis. Desalar y bombear agua consume mucha energía, lo que encarece las operaciones y refuerza la necesidad de alimentarlas con electricidad renovable. Aun así, para buena parte de la minería del desierto, es el único camino socialmente viable.


